Amniocentesis

La amniocentesis consiste en la extracción transabdominal de una pequeña cantidad de líquido amniótico, que envuelve y protege al feto durante su crecimiento y desarrollo.

En el vientre, el feto se aloja dentro de una bolsa, llamada saco amniótico o amnios, rellena de un líquido – el líquido amniótico – que lo protege de golpes, cambios térmicos y presiones de varios tipos. Para conocer si una póliza de seguro podría cubrirte este tipo de tratamientos o diagnósticos, siempre puedes acudir a webs en las que comprobar el precio de seguros.

¿Por qué se realiza?
Es un procedimiento médico mínimamente invasivo, utilizado principalmente para el diagnóstico prenatal de anomalías cromosómicas, infecciones y alteraciones del desarrollo fetal, como la espina bífida y el síndrome de Down. En efecto, el líquido amniótico contiene células, llamadas amniocitos, que proceden directamente del feto; una vez aisladas, estas células pueden multiplicarse y utilizarse en laboratorio para análisis citogenéticos y/o moleculares.

Técnica y riesgos

Por regla general, la amniocentesis se realiza a partir de la decimoquinta semana de embarazo, cuando la cavidad amniótica ha alcanzado un tamaño que no presente riesgos especiales para el feto durante el examen. Estos riesgos se reducen aún más con una ecografía preventiva, que muestra la posición del feto y la placenta. Si la gestante es apta para el examen – por ejemplo, está contraindicada en presencia de fiebre u otras infecciones presentes – la piel del abdomen se desinfecta con una solución antiséptica. Bajo una guía ecográfica constante, el especialista en obstetricia y ginecología introduce una aguja muy fina a través de la piel que cubre la cavidad uterina subyacente, con el fin de alcanzar la cavidad amniótica y extraer unos 15 ml del líquido homónimo. Tenga en cuenta que en la decimocuarta semana de gestación este líquido ocupa un volumen de aproximadamente 100 ml, que asciende a 150-200 ml 15/30 días más tarde y a 500 ml alrededor de la vigésima semana. El seguimiento ecográfico no produce radiación ionizante, es absolutamente inofensivo y como tal no causa ningún daño al feto, de hecho, permite controlar su posición y la de la aguja, minimizando el riesgo de complicaciones.

En el laboratorio, una pequeña parte del líquido amniótico se utiliza para realizar pruebas bioquímicas directas, mientras que en el resto se aíslan las células fetales, que se cultivan para obtener una muestra numérica suficiente para la evaluación del cariotipo.

El examen no es doloroso (a lo sumo molesto), dura pocos minutos y no requiere anestesias particulares o hospitalización; al final de la amniocentesis sigue siendo necesario permanecer durante 30-60 minutos en el centro de salud. Durante los 2/3 días siguientes al examen, debe abstenerse de realizar actividades físicas pesadas; además, si experimenta dolores abdominales prolongados o fiebre o sangrado vaginal anormal, es importante informar inmediatamente a sus cuidadores.

Como todos los procedimientos invasivos, aunque practicados por personal experimentado y bien equipado, la amniocentesis presenta un cierto porcentaje de riesgo abortivo, aproximadamente cuantificable en una de cada 200. Estudios más recientes, fechados en 2006, indican que el riesgo adicional de aborto, en comparación con las mujeres no sometidas a amniocentesis, es particularmente bajo (0,06%) o incluso nulo. Se trata, pues, de un procedimiento seguro, caracterizado por un pequeño porcentaje de riesgos y complicaciones. Una de ellas se anula mediante la administración de inmunoglobulinas anti-D a las mujeres embarazadas Rh negativas no inmunizadas, con la pareja Rh positiva; la inyección de estos anticuerpos es necesaria para el posible paso de sangre fetal en el círculo materno, con la producción de inmunoglobulinas que podrían dañar al niño.